El Instituto Virgen del Carmen de Cuyo es un colegio de Gestión Privada, dependiente de la Dirección de Educación Privada de la  Dirección General de Escuelas,  cuya entidad titular es el Arzobispado de la Provincia de Mendoza.

CEDUCAR (Comisión de Educación del Arzobispado de Mendoza) es el organismo que nuclea a los colegios pertenecientes al Arzobispado, con el fin de  coordinar y  acompañar el camino educador de nuestras comunidades educativas con una  misión en común.

La tarea educativa cobra así, un significado muy importante al ser evangelizadora, a la luz de la divina Revelación, siendo los colegios, lugares de desarrollo integral de la persona humana,  a través de un claro proyecto institucional que tiene su fundamento en Cristo.

Pertenecer a CEDUCAR marca nuestra identidad: eclesial y cultural, como así también nuestra misión de caridad educativa y servicio social, colocando a todos los colegios pertenecientes al Arzobispado de la provincia de Mendoza al frente de la educación, con un estilo educativo centrado en la vivencia del Evangelio. Identidad, visión y misión que está en constante construcción por parte de todos los que pertenecemos a la comunidad de CEDUCAR.

Nuestro Representante Legal es el Arzobispo de Mendoza, Monseñor Carlos María Franzini y nuestro Apoderado Legal es el Presbítero Profesor Licenciado Augusto Baracchini. 

El Instituto Virgen del Carmen de Cuyo fue creado en el año 1964 como respuesta a la demanda de la comunidad  del Departamento de Maipú a solicitud del entonces obispo de Mendoza, monseñor Alfonso María Buteler y el párroco de Maipú, padre Ernesto Lucini  con el propósito de fundar un colegio de nivel primario para niñas.

El instituto posee 3 niveles educativos (inicial, nivel primario y secundario). Los niveles inicial y primario funcionan en turno tarde  y nivel secundario que funciona en  turno mañana.

El colegio se encuentra ubicado en una zona urbana, recibiendo una población socio-económica media, donde la actividad laboral que predomina son cargos en entidades públicas (empleados municipales o dependencias del gobierno) o en relación de dependencia e independientes en comercios varios o emprendimientos familiares.

 

HISTORIA INSTITUCIONAL

La labor educativa de este colegio fue gestada por religiosas pertenecientes a la Congregación Hijas de la Inmaculada Concepción de Bs. As., hasta el año 2001 en que asume la dirección educativa el Arzobispado de Mendoza, continuando así hasta estos días.

En 1963 llega un grupo  de hermanas, Ángela Tomasa, Vicenta e Inés, a solicitud del entonces obispo de Mendoza, monseñor Alfonso María Buteler y el párroco de Maipú, padre Ernesto Lucini  con el propósito de fundar un colegio de nivel primario.

La sociedad Yáñez hermanos donó entonces dos casas antiguas  para que se iniciara en la de la esquina de patricia y Sarmiento la escuela y otra para que vivieran las hermanas.

Inmediatamente se abocaron a esta tarea en la vieja casona de adobe que se ubicaba en el Piedra fundamental  1963lugar antes mencionado.

En 1964 la DGE por resolución n° 779 autorizó el funcionamiento  de la escuela preprimaria y primaria  con el nombre de Virgen del Carmen de Cuyo en honor a la Virgen protectora de jóvenes y niños. Se comenzaron con las obras materiales que permitirían lograr tal objetivo en forma adecuada. Se proyectó entonces la construcción de un colegio, cuya materialización se realizó en dos etapas.

Con la visita de la Madre Generala de la Orden María Angélica Ortolini, se autoriza la construcción de un edificio para educación secundaria, siendo la encargada del mismo la hermana Leticia Mancini acompañada de una comisión de padres.

La obra comienza en 1966 con la colocación de la piedra fundamental y la bendición de monseñor Olimpo Maresma, con la colaboración de la comunidad maipucina.

En 1967 iniciaron los cursos del nivel secundario y se comenzó a construir la zona este y sur. Luego de varios años de trabajo, la empresa Miguel Bosso e hijos, que proyectó y realizó el edificio, culminó la obra.

En aquella fecha, el cincuenta por ciento de la construcción pretendida fue habilitada: doce aulas, dirección, sala de música, manualidades y sanitarios.

El ritmo del progreso no se detuvo, proyectaron una ampliación de las instalaciones y fue concretada en solo tres años.

 Desde el año 2001 por falta de vocaciones, la Congregación decide ceder en comodato por diez años al Arzobispado de Mendoza el establecimiento en espera de ver cómo evolucionaba la situación.

 

Procedencia de la congregación

La congregación Hijas de la Inmaculada Concepción tiene su origen en Italia. Fue fundada por la hermana María Eufrasia Iaconis, en el año 1900. Tuvo su extensión en la Argentina en 1904, el primer trabajo comenzó en un hospital de la Capital Federal y luego dieron curso a la labor específicamente educativa.

Actualmente, miembros de la comunidad están presentes en las provincias de Córdoba, Entre Ríos, Santa Fe, Buenos Aires y Mendoza.

 

La Fundadora

María Josefa Amalia Sofía Iaconis nació el 18 de noviembre de 1867 en el sur de Italia. A los 19 años, vistió como novicia el hábito y recibió el nombre de sor María Eufrasia. En 1887 se trasladó a Roma. No le resultó fácil ese comienzo, donde pronto le tocó asumir tareas de responsabilidad, entre ellas, la de Superiora local.

En 1893, coincidentemente con el difícil momento que estas Religiosas  empezaban a atravesar en Roma, las Hijas de la Inmaculada recibieron un pedido desde la Argentina, avalado por el arzobispo Aneiros, para que se hicieran cargo del Hospital Italiano de Buenos Aires. La hermana Eufrasia Iaconis tenía 25 años y fue nombrada Superiora de un grupo que, con ella, sumaba ocho religiosas. 

 La imagen que se iban formando los que la conocían, era la de una mujer de gran equilibrio, bondadosa, paciente y fuerte, que marchaba a la cabeza de sus hijas, arrastrándolas con la vivacidad de su ejemplo.

Rápidamente, la Madre Eufrasia pasó a una segunda etapa de su Instituto: el asentamiento. Entre 1896 y 1899 creó las primeras obras propias. En Buenos Aires, el Noviciado y el Colegio que, en poco tiempo, tuvieron su edificio propio en la calle Lavalle 3470.

Con el ofrecimiento de la esposa del Presidente Sáenz Peña, la Madre Eufrasia aceptó hacerse cargo en Buenos Aires del nuevo Hospital de Belgrano, el Pirovano. También se iniciaron tratativas en Córdoba, con una comisión de señoras y con los representantes del Obispo, Mons. Toro, para dirigir la Casa de Expósitos en esa ciudad.

Todo marchaba bien en la Argentina. En Roma, en cambio, después de acusaciones anónimas e investigaciones dirigidas a la Madre Fabiano, en 1900 fue enviada una Visita canónica que informó en contra de dicha fundadora, de lo cual se siguió la disolución de la Congregación, por decreto del 30 de enero de 1901. Ante esta situación, la Superiora General –obligada a dejar el gobierno– llamó a Roma a su sobrina, Madre Eufrasia, para que tratara de salvar lo salvable. Esta, de acuerdo con el Internuncio y con el Arzobispo, viajó sin comunicar a sus religiosas la noticia de la disolución. María Fabiano, antes de retirarse en silencio de su obra, la constituyó en depositaria de lo único y más precioso que sobrevivía intacto en el Instituto: el carisma.

Desde mediados de 1901 hasta agosto de 1902, la Madre Eufrasia golpeó todas las puertas, meditó cada sugerencia y practicó al máximo su capacidad de gobierno, con tal de encontrar un modo de hacer revivir al disuelto instituto, su Congregación. Se avino a recomenzar desde otra forma, con otro nombre, retocando el hábito y las Constituciones. Tenía grabado a fuego en el alma que lo que había dado forma a esa familia religiosa seguía intacto, y a ese carisma lo custodiaba en su corazón y en sus manos.

El 31 de agosto de 1902, recién llegada de regreso a Argentina, el Arzobispo la recibió con el P. Vicente Gambón. Coincidieron en la necesidad de dar estabilidad institucional al grupo de hermanas del disuelto Instituto, que estaban en cuatro diócesis argentinas.

El 24 de septiembre de 1904 fue aprobada la Congregación diocesana en Buenos Aires, inicialmente llamada como en Roma; pero muy pronto, la Madre Eufrasia logró que el Arzobispo gestionara ante el papa Pío X, la autorización para usar el título de la primitiva Congregación. Lo recuperaron como estaba escrito en la súplica: Hijas de la Inmaculada Concepción.

Durante la nueva etapa institucional, tuvo que considerar los pedidos de las otras diócesis. Hacia marzo de 1903, una comunidad de cuatro Hermanas asumió el Asilo Maternal Nuestra Señora de Guadalupe, de Santa Fe, fundado por Mons. Boneo. En el mismo año 1903, compró un terreno en Concepción del Uruguay, para el futuro colegio Sagrado Corazón de Jesús. También en ese año recibió una donación en Córdoba, donde surgiría el colegio Nuestra Señora de Nieva. Cuando llegó el año 1911, la Madre vio con claridad que el incremento de las obras y de las propiedades, con todo el trabajo apostólico que implicaban, no estaba acompañado en la misma proporción por el crecimiento vocacional.

En ese año la Madre Eufrasia  vió llegar entre las aspirantes al noviciado a Josefina De Micheli, que tomó el nombre de Hna. Pierina y de la cual, en Italia, está avanzando la causa de canonización. Fue la propagadora de la devoción al Divino Rostro de Jesús.

El 2 de agosto de 1916, en el Hospital Pirovano –donde había sido internada algunos días antes–, la Madre Eufrasia Iaconis murió rodeada de sus hijas y de varios sacerdotes.

La Madre Eufrasia es modelo de mujer fuerte, que siguió el ritmo del Espíritu. Con mirada que trascendía lo inmediato, avizoró que el lugar de las Hijas de la Inmaculada Concepción era la Argentina, donde el vía crucis de las circunstancias las colocó, y en cuyo seno la Iglesia local las recibió definitivamente, a comienzos del siglo XX.